El mercado de trabajo en la Argentina mostró señales de deterioro hacia el final de 2025. De acuerdo con los últimos datos difundidos por el INDEC, la tasa de desocupación alcanzó el 7,5% en el cuarto trimestre del año, lo que marca un quiebre en la tendencia de mejora que se había observado durante los meses previos y confirma un escenario de mayor fragilidad laboral.
El incremento no es menor si se lo analiza en perspectiva: en el tercer trimestre, el desempleo se ubicaba en torno al 6,6%, por lo que el salto implica una suba de casi un punto porcentual en apenas tres meses. En términos absolutos, esto se traduce en más de 1,6 millones de personas sin trabajo en los principales centros urbanos del país, lo que vuelve a poner al empleo en el centro de la preocupación económica y social.
A lo largo de 2025, la evolución del desempleo había mostrado un comportamiento oscilante pero con una tendencia descendente hasta mitad de año. El primer trimestre había registrado una tasa del 7,9%, que luego bajó al 7,6% en el segundo y tocó un piso de 6,3% en el tercero. Sin embargo, ese proceso no logró consolidarse y el último tramo del año evidenció una reversión clara, con un aumento que deja el indicador nuevamente en niveles similares a los del inicio del período.
Este cambio de tendencia se da en un contexto en el que la actividad económica no logra traducirse de manera consistente en generación de empleo. Si bien más personas se incorporan al mercado laboral —ya sea porque necesitan ingresos o porque perciben alguna mejora en las condiciones generales—, la cantidad de puestos disponibles no crece al mismo ritmo. Esa brecha creciente entre oferta y demanda de trabajo termina presionando sobre la tasa de desocupación.
Al mismo tiempo, distintos análisis coinciden en que parte de la mejora observada en trimestres anteriores estuvo sostenida por el aumento del trabajo informal y del cuentapropismo. En ese sentido, más que una recuperación sólida del empleo, lo que se verificó fue una adaptación del mercado laboral a un contexto adverso, en el que muchos trabajadores se volcaron a actividades de menor estabilidad y calidad.
En términos territoriales, el impacto del desempleo continúa siendo más fuerte en los grandes aglomerados urbanos y en las regiones con mayor peso industrial, donde las oscilaciones de la actividad económica tienen efectos más directos sobre el nivel de empleo. Esto refuerza la idea de que el problema no responde únicamente a desigualdades estructurales entre regiones, sino a una dinámica más amplia del sistema económico.
El dato de cierre de 2025 deja, en definitiva, una señal de alerta. La suba del desempleo interrumpe la mejora previa y expone las limitaciones de la recuperación económica para generar trabajo genuino y sostenido. Con más de un millón y medio de personas sin empleo, el desafío hacia adelante no será solamente revertir esta tendencia, sino también mejorar la calidad del empleo en un escenario que todavía se presenta incierto.
