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Morales volvió de China y agitó la interna radical: quiere a Morone en la Capital, Sadir resiste y Chuli mueve sus fichas

El exgobernador llegó a Jujuy hace una semana y reactivó la disputa por el poder dentro de la UCR. Una reunión convocada por Santiago Jubert, las críticas a la continuidad de Raúl “Chuli” Jorge y el intento de instalar a Adriano Morone como alternativa expusieron una interna que ya desborda la sucesión municipal. Sadir no quiere apurar las definiciones, Jorge pone en escena a Gastón Millón y Gustavo Muro, y Federico Posadas quedó en el centro de otra pelea que mezcla encuestas, estrategias electorales y versiones sobre un eventual entendimiento con La Libertad Avanza.

La interna radical jujeña está al rojo vivo. Gerardo Morales regresó de China, donde reside, llegó a la provincia y, según la lectura de distintos sectores del radicalismo, puso rápidamente en marcha una ofensiva política para recuperar la iniciativa en la discusión sobre las candidaturas. El primer objetivo visible es San Salvador de Jujuy: desplazar la idea de continuidad de Raúl “Chuli” Jorge e instalar a Adriano Morone como una alternativa para la intendencia. Pero el trasfondo es más amplio: presionar a Carlos Sadir para que adelante las definiciones electorales y vuelva a quedar bajo la influencia de quien gobernó la provincia durante ocho años.

Los movimientos de los últimos días dejaron al descubierto que la discusión ya no pasa solamente por quién competirá por la Capital. Lo que está en juego es quién fija los tiempos, quién define los nombres y cuánto margen de autonomía tiene el actual gobernador frente a Morales, que conserva dirigentes propios dentro de la estructura partidaria y del Gobierno provincial.

Una reunión con final anunciado, pero con resistencias

La semana pasada, durante los primeros días, el diputado Santiago Jubert convocó a una reunión de dirigentes del Comité Provincia de la Unión Cívica Radical. La convocatoria, impulsada por un dirigente alineado con Morales y en su carácter de autoridad partidaria, abrió un espacio para discutir el futuro electoral del radicalismo, aunque el encuentro terminó exponiendo las diferencias internas que atraviesan al oficialismo.

El objetivo que distintos sectores atribuyen al moralismo era instalar a Morone como candidato a intendente y comenzar a correr del centro de la escena a Jorge. En esa línea se ubicaron el diputado nacional Jorge Rizzotti y el ministro de Producción, Juan Carlos Abud Robles, ambos identificados con el sector de Morales.

Sin embargo, la discusión no transcurrió sin resistencias. El planteo de Rizzotti y Abud Robles encontró cuestionamientos de dirigentes que no comparten la idea de discutir anticipadamente la continuidad del actual intendente ni aceptan que un sector imponga sus candidatos al resto del radicalismo.

La llegada de Morales a la escena terminó de darle otro significado a la reunión. Para los dirigentes identificados con Jorge, el encuentro no habría sido una convocatoria más para intercambiar opiniones sobre el futuro partidario, sino una jugada preparada para construir el escenario desde el cual el exgobernador pudiera cuestionar públicamente la continuidad de Chuli y, al mismo tiempo, apurar a Sadir.

Esa es la interpretación de los sectores chulistas, que leen la secuencia como una operación política coordinada entre Jubert, Rizzotti, Abud Robles y otros dirigentes cercanos a Morales. Se trata de una lectura de la interna que sus protagonistas deberían confirmar o desmentir, pero que refleja el grado de desconfianza entre los distintos espacios de la UCR.

A la reunión tampoco fueron invitados funcionarios de la Municipalidad ni concejales capitalinos. La ausencia de los representantes del sector que conduce Jorge reforzó las sospechas de que la discusión sobre la sucesión municipal se estaba desarrollando sin una participación equilibrada de todas las partes involucradas.

Morales reconoció a Chuli, pero le marcó la salida

En su intervención, el exgobernador reivindicó la renovación generacional y respaldó el planteo de Morone, a quien destacó por su trayectoria partidaria y su paso por la presidencia de la Juventud Radical a nivel nacional.

“Los que pueden proyectar un proyecto político en el tiempo son los jóvenes”, sostuvo Morales, al describir a las nuevas generaciones como “la nueva fuerza, la nueva energía, la nueva cabeza, el nuevo pensamiento”.

La apelación a los jóvenes funcionó como argumento político para cuestionar la continuidad de los liderazgos tradicionales. En particular, puso bajo discusión el lugar de Jorge, que lleva años al frente de la Municipalidad capitalina.

Morales intentó amortiguar el impacto de sus palabras con un reconocimiento a la trayectoria del intendente. “No se trata de tirar a nadie por la ventana”, afirmó, antes de destacar su liderazgo y las transformaciones realizadas durante su gestión.

Pero enseguida dejó planteada su posición: “Hay muchas cosas nuevas que hay que hacer”.

La traducción política de ese mensaje es difícil de disimular. Morales reconoce el recorrido de Jorge, pero pretende que ese capital político no se convierta en un argumento para sostener su continuidad. En ese escenario, Morone aparece como el nombre que su sector busca instalar para disputar la Capital.

El problema es que el intendente no parece dispuesto a aceptar que su sucesión se resuelva en una mesa de dirigentes alineados con el exgobernador. Y, mucho menos, a quedar relegado de una discusión que involucra su propio espacio político.

Sadir no adelanta los tiempos y Morales pierde la paciencia

El otro destinatario del mensaje fue Carlos Sadir. Morales le asignó al gobernador la responsabilidad de reunir a los sectores internos, discutir los perfiles y ordenar las candidaturas, tanto en San Salvador de Jujuy como en la provincia.

“La persona que tiene que ordenar esto tiene nombre, apellido y es el gobernador”, afirmó.

La frase no fue solamente un pedido de coordinación partidaria. También funcionó como una presión directa sobre Sadir para que asuma el control de una interna que el sector de Morales pretende encauzar cuanto antes.

Pero el gobernador no parece dispuesto a aceptar el calendario que intenta imponerle su antecesor. Sadir juega con los tiempos, evita cerrar anticipadamente el esquema electoral y procura conservar margen de decisión frente a los distintos sectores que conviven dentro del oficialismo.

Esa diferencia de estrategia alimenta el enfrentamiento. Morales quiere que se definan los nombres y se ordene el tablero; Sadir no cede a la presión para resolver ahora las candidaturas. En medio de esa pulseada, cada reunión, declaración y movimiento territorial adquiere una dimensión que excede el debate sobre un municipio.

La advertencia de Morales sobre la posibilidad de que el radicalismo termine con varios candidatos a intendente y también con varios candidatos a gobernador expuso la preocupación por una eventual dispersión electoral.

“Al paso que vamos, no solo vamos a terminar con algunos candidatos a intendente, vamos a terminar con varios candidatos a gobernador”, dijo. Y remató: “Y ahí la vamos a cagar”.

La expresión revela la tensión que atraviesa al partido: si no hay acuerdos, la competencia interna podría trasladarse a las candidaturas provinciales. Morales no anunció formalmente una postulación propia, pero su advertencia dejó abierta la discusión sobre el alcance de su intervención en el próximo armado electoral.

Chuli responde: Millón y Muro, las cartas para disputar la sucesión

Mientras Morales intenta instalar a Morone, Jorge también mueve sus piezas. El intendente comenzó a poner en escena a dos dirigentes de su confianza: el concejal Gastón Millón y Gustavo Muro, funcionario municipal y hombre de su estrecha relación política.

La aparición de ambos no es un dato menor. En la interna radical, la discusión por la intendencia también pasa por quién tiene capacidad de construir una sucesión desde la estructura municipal y quién pretende definirla desde la conducción partidaria.

Millón y Muro aparecen así como parte de la respuesta política de Jorge frente al intento de desplazarlo del centro de las decisiones. El mensaje que transmite el sector del intendente es que la continuidad de su espacio no se agota en su propia figura y que existen nombres con los cuales puede disputar la conducción de la Capital.

En el caso de Muro, su identificación con Jorge es tan estrecha que, dentro de la política municipal, la relación se resume en una frase: “Chuly es Muro, Muro es Chuly”.

El intendente, además, decidió responder públicamente a las críticas. “Yo no hablo mal de nadie, ni de la oposición ni de nuestro espacio, y les recomiendo que no lo hagan porque eso nos lleva para atrás”, expresó, en una referencia interpretada dentro de la interna como una alusión a Morales.

La declaración marcó un límite. Jorge no solamente rechazó la lógica de las descalificaciones entre dirigentes del mismo espacio, sino que cuestionó una forma de hacer política que, a su entender, puede terminar debilitando al oficialismo.

Pero la respuesta no quedó circunscripta a las palabras. El intendente convocó a un acto en la Sociedad Obrera para presentar un informe de gestión. La actividad funcionará también como una demostración política: exponer lo realizado durante su administración y contestar, con un balance de gestión, el cuestionamiento que Morales puso sobre la mesa.

En otras palabras, Jorge decidió no limitarse a defender su trayectoria. Busca mostrar que todavía tiene una agenda propia, capacidad de convocatoria y dirigentes para sostener su espacio en la discusión por el futuro de la Capital.

Federico Posadas, el ministro que quedó en la mira del moralismo

La disputa tampoco se limita a las candidaturas municipales. Otro frente se abrió dentro del Gobierno provincial, donde diputados alineados con Morales vienen impulsando iniciativas parlamentarias que, según describen desde el sector de Sadir, son utilizadas para presionar a ministros del gabinete.

En ese contexto, uno de los nombres que quedó bajo cuestionamiento es el ministro de Turismo, Federico Posadas, cuya eventual interpelación en la Legislatura suma un nuevo capítulo a la pelea entre los dos sectores radicales.

Posadas representa una de las transformaciones políticas que más incomodan al moralismo. Fue un dirigente cercano a Morales desde los comienzos de su gestión como gobernador, el 10 de diciembre de 2015. Sin embargo, con la llegada de Sadir al Ejecutivo, el 10 de diciembre de 2023, pasó a integrar el núcleo de funcionarios identificados con el actual mandatario.

El cambio de alineamiento lo convirtió en un blanco de las críticas de dirigentes que responden al exgobernador.

A la discusión política se suma el rol que Posadas tendría en materia de encuestas y estrategias electorales. Desde el sector de Morales lo cuestionan por su influencia en las decisiones del gobernador y sostienen que los sondeos que circulan no reflejarían de manera objetiva el escenario político. En ese espacio utilizan la expresión “dibujar encuestas” para cuestionar la información que, según su interpretación, influiría en las decisiones de Sadir.

La hipótesis de un acuerdo con La Libertad Avanza

Alrededor de Posadas también circulan versiones sobre sus vínculos políticos en Buenos Aires y una eventual aproximación a La Libertad Avanza.

Dentro de las especulaciones que atraviesan al oficialismo, hay quienes sostienen que el ministro estaría tejiendo relaciones con dirigentes libertarios y que podría aspirar a convertirse en una figura de consenso en un eventual entendimiento entre la Casa Rosada y el gobierno de Sadir.

La hipótesis, por ahora, debe ser considerada como una versión que circula en diversos pasillos del poder, pero el solo hecho de que esa posibilidad sea dicha agrega una dimensión nacional a la interna jujeña. Si el oficialismo provincial explorara un entendimiento con sectores libertarios, el armado electoral podría dejar de depender exclusivamente de los equilibrios dentro de la UCR.

Para los dirigentes cercanos a Morales, Posadas es una figura que ganó influencia en el esquema de Sadir y que podría tener un papel en decisiones que el exgobernador pretende seguir condicionando. Para el sector del actual mandatario, en cambio, la cuestión central es preservar la capacidad de decisión del Gobierno provincial.

La discusión sobre el ministro de Turismo se convierte así en otra expresión de una disputa más amplia: quién administra la relación con el poder nacional, quién conduce la estrategia electoral y quién tiene la última palabra sobre los nombres.

Una interna que ya excede a la Capital

El escenario que se configura en la UCR jujeña tiene varios protagonistas y diferentes frentes abiertos. Morales pretende instalar a Morone y cuestiona la continuidad de Jorge; Sadir evita acelerar las definiciones y procura mantener el control de los tiempos; el intendente responde con dirigentes propios y un informe de gestión que también tendrá una lectura electoral.

En paralelo, los legisladores alineados con el exgobernador mantienen la presión sobre funcionarios del gabinete, con Posadas entre los principales apuntados. Y alrededor de esa disputa aparecen versiones sobre encuestas, estrategias electorales y posibles acuerdos con La Libertad Avanza.

La advertencia de Morales sobre una eventual multiplicación de candidatos a gobernador muestra que el problema no se limita a quién ocupará el despacho de la intendencia capitalina. La discusión compromete el armado provincial, la relación entre el gobernador y su antecesor y el futuro de una alianza política que debe administrar diferencias cada vez más visibles.

La pregunta de fondo es quién conduce hoy el radicalismo jujeño: el gobernador que ocupa el Ejecutivo y busca manejar sus propios tiempos, o el exgobernador que conserva dirigentes propios y muestra desesperación por intervenir en la definición de las candidaturas.

Por ahora, ninguno de los sectores parece dispuesto a ceder. Morales presiona, Sadir demora las definiciones y Chuli Jorge se resiste a que le escriban el final de su ciclo político sin darle participación en la discusión.

La reunión convocada por Jubert fue apenas una escena de una disputa que continúa. La presentación de Morone, la respuesta de Jorge, los movimientos de Millón y Muro y el conflicto alrededor de Posadas son piezas de un mismo tablero.

La interna radical ya no se discute solamente en los despachos partidarios. Se juega en el Gobierno, en la Legislatura, en la Municipalidad y en los vínculos con la política nacional. Y mientras Sadir no cierre el esquema de candidaturas, cada sector seguirá moviendo sus fichas para llegar a la definición con mayor poder de negociación.

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