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La AFA es millonaria, los clubes no: el fútbol argentino detrás del paro y una realidad incómoda

El conflicto que atraviesa el fútbol argentino volvió a poner sobre la mesa una discusión que muchos dirigentes repiten en privado pero pocos se animan a decir en público: la Asociación del Fútbol Argentino no es lo mismo que los clubes que representa.

Mientras la conducción encabezada por Claudio Tapia y su principal operador político, Pablo Toviggino, impulsa medidas de fuerza y decisiones institucionales en nombre del fútbol argentino, puertas adentro la realidad económica de la mayoría de las instituciones dista mucho del poder financiero que exhibe la casa madre.

La AFA maneja un negocio millonario

La AFA administra uno de los productos deportivos más rentables del continente: la Selección Argentina de fútbol.

Sponsors internacionales, contratos de televisación globales, giras internacionales y acuerdos comerciales convierten a la Selección en una verdadera máquina de generación de ingresos en dólares. El prestigio deportivo alcanzado en los últimos años multiplicó aún más ese flujo económico.

Sin embargo, ese escenario contrasta con la economía cotidiana de los clubes.

La otra cara del fútbol argentino

Lejos del brillo de la Selección, gran parte de las instituciones argentinas atraviesan una realidad mucho más austera.

No todos son gigantes como River Plate o Boca Juniors. La mayoría son clubes barriales, entidades del interior o instituciones que representan departamentos provinciales enteros.

Muchos deben afrontar gastos básicos que poco tienen que ver con el negocio multimillonario del fútbol profesional:

  • compra de indumentaria porque las marcas no los patrocinan;
  • sueldos de cancheros, serenos y personal de limpieza;
  • costos de seguridad exigidos por normativas nacionales;
  • viajes extensos, especialmente en ascenso y clubes del interior;
  • mantenimiento de planteles profesionales y cuerpos técnicos;
  • alquiler o falta de predios de entrenamiento;
  • mantenimiento del césped, semillas, riego y maquinaria;
  • pago permanente de servicios públicos.

Incluso los derechos de televisión —principal ingreso estructural— resultan insuficientes para sostener toda esa infraestructura.

Según reconocen dirigentes en off, la ayuda económica directa desde la AFA es limitada y llega sólo en casos excepcionales.

Silencios que explican decisiones

El paro impulsado por la conducción de AFA dejó otra postal incómoda: numerosos dirigentes no comparten la medida, pero igualmente acompañan desde el silencio.

El motivo, admiten en privado, es simple: el temor a represalias deportivas.

Dentro del fútbol argentino circula desde hace años una percepción difícil de probar pero persistente: los clubes que confrontan públicamente con la conducción pueden verse perjudicados por fallos arbitrales polémicos o decisiones disciplinarias que terminan condicionando permanencias y ascensos.

Ante ese escenario, muchos presidentes eligen preservar a sus instituciones antes que expresar desacuerdos políticos.

Dirigencia rica, clubes pobres

El contraste entre la abundancia económica de la AFA y la fragilidad financiera de los clubes se volvió aún más visible tras los recientes rumores y denuncias periodísticas sobre propiedades, vehículos de alta gama y bienes que serían atribuidos a Toviggino.

En el ambiente futbolero comenzó a instalarse una frase repetida en voz baja: si parte de esos recursos se transformara en mayor distribución hacia las instituciones, muchos clubes podrían equilibrar sus cuentas.

El malestar también empezó a trasladarse a las tribunas. En un partido reciente de San Lorenzo de Almagro, los jugadores ingresaron al campo con una camiseta que decía “La AFA somos todos”, mientras desde las gradas bajaban insultos dirigidos a Tapia.

Una señal clara de desconexión entre dirigencia y público.

Un poder que ya no parece intocable

En el fútbol argentino crece la sensación de que la conducción de AFA atraviesa una etapa defensiva. Dirigentes y actores del ambiente sostienen que, desde que estallaron los escándalos vinculados a bienes personales y manejo de recursos, Tapia y Toviggino actúan con mayor rigidez política y decisiones apresuradas, buscando cerrar filas frente a lo que interpretan como ataques o persecuciones.

Pero el efecto podría ser inverso: alejamiento de hinchas, desgaste institucional y creciente incomodidad entre los propios clubes.

Porque, más allá de discursos y alineamientos formales, una verdad empieza a repetirse como mantra dentro del fútbol argentino: la AFA es millonaria; los clubes no.

Y en un deporte atravesado por ciclos políticos tan intensos como breves, muchos dirigentes recuerdan una máxima que hoy vuelve a cobrar fuerza: el poder no es para siempre.

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