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Tato Bores: se cumplen 25 años de la muerte de uno de los cómicos más grandes de la Argentina

Con sus monólogos, supo describir con humor, inteligencia e ironía la realidad económica y política del país. Tocó todos los temas de actualidad y desafió al poder sin pelos en la lengua. Un repaso por su historia y sus inolvidables momentos en la TV.

El domingo 9 de septiembre de 1990, hace casi 30 años, el humorista Tato Bores hizo un monólogo que si no se tuvieran en cuenta sus personajes y circunstancias parecería ser que estuviera hablando de hoy.

Hoy se cumplen 25 años del fallecimiento de Mauricio Borensztein, “Tato Bores”, el artista cómico -como él se hacía llamar- que con sus ácidos monólogos hizo templar a más de un político en la TV argentina durante décadas. Con ironía, humor e inteligencia, retrató sin pelos en la lengua los problemas económicos y políticos de la Argentina, incomodando a más de uno. La corrupción, el dólar, la inflación eran sólo algunos de los temas que el cómico analizaba en vivo, sin importarle demasiado las consecuencias.

Antes de su consagración en la TV argentina, “Tato Bores” ya había hecho radio, cine y teatro. Pero fue en 1957, cuando el bautizado “Actor Cómico de la Nación” se consagró con “Caras y morisquetas”, un ciclo de humor que se emitía por Canal 7.

Con una trayectoria de más de 50 años, “Tato Bores” hizo reír a muchas generaciones de argentinos y fue una de las figuras más respetadas y queridas del país. Participó en 19 películas y una infinidad de ciclos de televisión y obras teatrales. Fue declarado Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires en 1992.

Nacido el 27 de abril de 1925 en el seno de una familia humilde de judíos, “Tato” jamás terminó sus estudios secundarios ya que no le gustaba estudiar. Fue así como trabajó en la orquesta de René Cóspito y Luis Rolero durante un tiempo. Su comienzo en el humor se dio de casualidad. En una despedida de soltero, el humorista subió al escenario, contó unos chistes e hizo reír a todos. Pepe Iglesias “El Zorro” lo vio, se le acercó y le pidió que fuera su compañero en Radio Splendid.

A través del humor, dijo lo que nadie podía o quería decir. La sagacidad de sus comentarios, la crítica sutil que evitaba la censura cautivó a los televidentes. Tato Bores renovó absolutamente el lenguaje del humor político. Asistido por los mejores guionistas de cada época, transformó el estilo de los monólogos de Pepe Arias en un torrente frenético y surrealista de escenas imaginarias entre los personajes del momento. Justamente, su velocidad para recitarlos fue un sello que lo distinguió. La función que el periódico tenía en el humor de Pepe Arias, en “Tato” lo ocupó el teléfono, uno de los elementos emblemáticos de su personaje.

La trayectoria de un grande

Entre 1957 y 1960 (por Canal 7; hoy televisión pública), acompañó a Dringue Farías en “La familia GESA se divierte”, luego llamada simplemente “La familia GESA”, donde como atracción principal, se encontraba la cantante Virginia Luque, que formaba parte del elenco femenino con Gloria Leyland y Nelly Prince.

En 1957 debutó por el mismo canal en “Caras y morisquetas”, con libretos de Landrú (Juan Carlos Colombres), donde realizaba monólogos y comenzó a utilizar el frac, la peluca y el habano, que tanto lo caracterizaron. En una nota, Bores aclaró: “Con Landrú nos divertimos como locos, podíamos decir cualquier cosa. No se podía hablar de Perón ni del peronismo, pero todas las demás se las bancaban”.

En 1960 comenzó por Canal 9 “Tato, siempre en domingo”, con libretos de César Bruto y frases que lo caracterizaron a lo largo de su trayectoria. Por aquel trabajo, recibió de APTRA un premio Martín Fierro como Mejor Actor Cómico en 1960. La idea del frac había sido propuesta por Brutto, ya que -como él decía- había que tener el traje puesto porque quizás con el constante cambio de ministros durante el gobierno de Arturo Frondizi, él podía ser elegido para ocupar un cargo. En aquel programa, aparecía un cartel con la frase: “No culpe al espejo quien tiene la cara fea”, mostrándose en la cámara.

Con dirección y libretos de Guillermo Fernández Jurado, en 1962 incursionó en “El televisor”, con la protagonización de Blanca del Prado, quien cumplió su mejor labor cinematográfica en este film. “Tato siempre en domingo” se mantuvo hasta mediados de los 60 por Canal 11 con un elenco variable, del cual se destacaban los cómicos Fidel Pintos, Raúl Ricutti y Federico Manuel Peralta Ramos, que encarnaba un personaje que interrumpía los monólogos de “Tato” para recitar poemas o dejar mensajes que nadie entendía, respectivamente.

En 1966, después del derrocamiento del radical Arturo Umberto Illia, batió récords de audiencia con su monólogo dominical, diciendo: “Ustedes estarán esperando que yo hable de la que se armó. Pero de la que se armó no pienso hablar y de la que se va a armar mucho menos”. Entre 1971 y 1973, trabajó con Jordán de la Cazuela, a quien consideró su mejor libretista, y con el que mantuvo una amistad, hasta que falleció en un accidente aéreo en Europa. En la década de 1970 volvió al Teatro Maipo con espectáculos revisteriles y entre 1971 y 1972 estuvo a cargo de la conducción de “Por siempre Tato”, donde realizó un excelente monólogo sobre la vuelta al gobierno de Perón.

Alternando diversos medios y con gran apoyo por parte de la prensa, en 1972 protagonizó con Norman Briski la comedia “Disputas en la cama”, también conocida por su nombre alternativo: “Los divorciados”, prohibida para menores de 18 años. En 1973, Jordán de la Cazuela sucedió a César Bruto, en “Dígale sí a Tato”, por Canal 13, señal por donde un año después, en 1974 fue anfitrión de “Déle crédito a Tato”, con Aldo Cammarotta en el guion. Ese mismo año, un secretario de prensa de Isabel Perón ordenó sacar del aire a Bores, aprovechando la excusa del duelo nacional por la muerte del expresidente Juan Domingo Perón, por lo que quedó excluido de la televisión estatal.

En 1975 se presentó en el Teatro Estrellas con su espectáculo: “Hello, Tato”, al lado de Cristina Allende. Además, al año siguiente, encabezó en el Teatro Del Globo con Ana María Cores “Pobre Tato”, ambos con libro y música de Jorge Schussheim y dirección de Lía Jelín. En 1976, instaurada la Dictadura Militar, también conocida como Proceso de Reorganización Nacional, comenzó la escasez de trabajo para los artistas, muchos de los cuales debieron exiliarse por amenazas de muerte.

Retornó al medio televisivo en 1978 con “Tato para todos”, emitido por Canal 13. En aquel ciclo, grabó una charla telefónica imaginaria para la sección “Hola, señor president”e con el exmandatario (de facto) Jorge Rafael Videla, la cual no salió al aire. El hecho fue asunto de inquietud nacional, y en lugar de la conversación el cómico habló con su libretista, quien desde Estados Unidos le preguntaba por ciertos chistes, a los que respondía negativamente porque estaban prohibidos.

Fue precursor, junto con Mirtha Legrand, de comer delante de las cámaras. Bores, compartió mesas con invitados como Rodolfo Crespi, Raúl Alfonsín, Antonio Gasalla, Fernando de la Rúa, entre otros. El primer presidente en TV llevado por Tato fue Frondizi. Luego de que Bores dijera que en Argentina faltaba la escuela más necesaria de todas: la de presidentes, Arturo Frondizi llamó para felicitarlo. Mientras tanto, el mandatario Alejandro Agustín Lanusse lo invitó al casamiento de su hija después de que el presentador de TV se quejara en su programa por no haber sido invitado anteriormente. José María Guido, presidente de la Nación entre 1962 y 1963, se reunió con él, su libretista y otros humoristas del momento para comer en Olivos, hecho que días después, un comentarista de radio utilizó para denunciar la falta de seriedad: “Qué se puede esperar de un presidente que se sienta a la mesa con un grupo de argentinos que satirizan la angustia nacional”. Sin embargo, el político que más frecuentó su programa fue Carlos Menem, que concurrió en tres oportunidades a lo largo de su primera presidencia (1989–1995), motivo por el cual “Tato Bores” tuvo que aclarar: “No somos amigos”. En 1979, se activó una bomba en el palier de su casa, con tarjeta a su nombre, la cual fue desactivada por efectivos de la división Artefactos Explosivos.

En enero de 1982 actuó con Nélida Lobato en la obra teatral La mariposa, en el Teatro Maipo. A principios de los 80 filmó dos películas picarescas junto a su amigo, Alberto Olmedo: “Departamento compartido” y “Amante para dos”, ambas para el sello Aries Cinematográfica y bajo la dirección y guion de Hugo Sofovich. Estas serían las dos últimas películas que protagonizó, ya que en 1984 realizó un cameo para “Sálvese quien pueda”, donde no cobró y ni figuró en los créditos y en 1995 se lo vio brevemente en “1000 boomerangs”. Regresando a Canal 13, también intercalaba en América 2 con libretos hechos por Geno Díaz, Juan Carlos Mesa y Santiago Varela.

Desde finales de la década de 1980 su hijo, Alejandro Borensztein, trabajó con él siendo guionista y director en varias ocasiones, instaurando los clásicos patines, la lluvia de papelitos y los teléfonos negros o blancos, al igual que el plato de fideos sobre el final de programa, con el que convidaba a sus entrevistados y el champagne con el que brindaba, que eran un clásico del programa.

En televisión, sus siguientes trabajos fueron “Tato por ciento” (1981), “Extra Tato” (1983), “Tato, que bien se TV” (1984), “Tatus” (1985), “Tato Diet” (1988), “Tato al borde de un ataque de nervios” (1989), con el cual finalizó la década. En varios de sus programas, también se llevaban a cabo sketches con Roberto Carnaghi (un funcionario corruptísimo que ilustraba perfectamente la ética gubernamental de aquellos días, por el cual ganó un premio Martín Fierro como Mejor Actor de Reparto), Mirtha Legrand, Vicente La Russa, Gabriela Acher (que hacía de una mujer que estuvo embarazada mucho tiempo porque su hijo no quería nacer en Argentina), entre otros. En 1986 protagonizó con Carlos Perciavalle, apodado “El Rey del Café-Concert” el espectáculo teatral La Cage aux Folles, en el Teatro Metropolitan, haciendo varias temporadas hasta 1988. En 1987 un funcionario radical consideró que los chistes de “Tato” no eran convenientes en tiempos de elecciones y no le renovaron contrato hasta 1989, cuando volvió apoyado por Canal 13.

A partir de 1988, sus hijos Alejandro y Sebastián se hicieron cargo de la autoría y producción de los ciclos de “Tato”. Sus nuevas ideas fueron consideradas innovadoras e incluso, atrevidas, como el “inodoro justiciero” y las canciones escritas por Charly García. A partir de 1991, su hijo Alejandro decidió dejar la televisión, por lo que Sebastián quedaría a cargo de todo. En 1992, encabezó uno de sus últimos grandes ciclos: “Tato de América”, que obtuvo altos picos de índice de audiencia. Se disfrazó de Cristóbal Colón haciendo referencia a los 500 años del descubrimiento de América y fue ese programa el que le provocó la polémica censura que sufrió ese mismo año.

 

La censura de 1992

Con la presidencia de Carlos Menem, ocurrió la consagración absoluta de Tato Bores. El 17 de mayo de 1992, una infidencia le permitió a la jueza federal María Romilda Servini de Cubría enterarse de que en uno de los monólogos de Tato en Tato de América, mencionaba una multa que la Corte Suprema de Justicia le estaba haciendo pagar.

Servini de Cubría había sido multada con un valor considerado “simbólico” por la opinión pública ya que el mismo era de 60 pesos. La jueza presentó un recurso para que no fuera transmitido ese fragmento y fue censurado por la Cámara de Apelaciones en lo Civil y Comercial Federal.

Respectivamente, la funcionaria habría presentado una demanda contra la transmisión en la que Helmut Strasse, otro personaje de Bores, se preguntaba en el año 2492 sobre los rastros de Argentina, un país desaparecido 500 años antes. Mientras se mostraba un escudo con la imagen de Servini de Cubría, un locutor preguntaba: “¿Mito, leyenda o realidad? Acá hay una constancia de una multa que esta señora tuvo que pagar, un recibo por 60 pesos; considerando lo grave de sus faltas, se puede suponer que ese era un valor bastante importante para aquella época…”. En septiembre de ese año, un fallo de la Corte revocó la prohibición y autorizó la emisión de los fragmentos objetados.

Debido a la delicada situación que se estaba viviendo a causa de esta censura, el hecho finalmente fue inmortalizado gracias a un grupo de artistas, quienes en solidaridad con el humorista se reunieron en el estudio principal del programa, para entonar a coro un tema con tinte sarcástico que decía: “La jueza Barú Budú Budía, la jueza Barú Budú Budía, la jueza Barú Budú Budía es lo más grande que hay”.

 

Sus últimos años

En 1993, con 66 años, el actor realizó su último ciclo televisivo: Good Show”, por Telefe, que comenzaba con una réplica de la tapa del disco “La Banda del sargento Pepper”, de The Beatles, realizada con figuras locales. En 1994, durante una operación de una hernia de disco en la clínica Mater Dei, se le informó que no podría volver a trabajar.

Un cáncer óseo lo mantuvo alejado de la actividad artística por más de un año. La enfermedad le provocaba intensos dolores físicos y por problemas de movilidad, debió usar un bastón, mientras que se hacía controles en Uruguay. Volvió a Buenos Aires y falleció el 11 de enero de 1996 en su departamento de Palermo. No estaba solo, ya que lo acompañaba su familia. Sus restos fueron velados íntimamente en su domicilio e inhumados en el Jardín de Paz.

 

Fuente: tn.com.ar

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