La Vicepresidenta se ausentó de la misa en Luján y asistió a la Basílica María Auxiliadora en Almagro. Desde allí, lanzó duras críticas al contenido político de otros actos religiosos y reivindicó su coherencia personal.
En un clima de creciente tensión simbólica, la vicepresidenta de la Nación, Victoria Villarruel, sorprendió este miércoles al no participar de la convocatoria oficial en la Basílica de Luján, optando en su lugar por asistir a una misa en el barrio porteño de Almagro. A la salida del templo, la funcionaria brindó declaraciones que resonaron con fuerza en el arco político.
Críticas a la «politización» religiosa
Al ser consultada sobre su ausencia en Luján y la supuesta politización de la figura del Papa Francisco, Villarruel fue tajante: «Me pareció que la ceremonia tenía un contenido que no era el del recuerdo al Papa propiamente dicho».
La titular del Senado no ahorró calificativos al referirse a los asistentes de otros encuentros: «Era una ceremonia en la que estaba la casta política… lo peor de la casta política», sentenció ante las cámaras.
Coherencia y fe
A pesar de las insistencias de la prensa por identificar si sus críticas alcanzaban a miembros del propio gabinete nacional, la Vicepresidenta prefirió no dar nombres propios, aunque mantuvo su postura crítica.
«Yo en eso soy coherente con mis creencias. Soy católica, vengo a misa y quiero estar entre mis compatriotas», afirmó, subrayando que su prioridad era homenajear a Francisco como «un gran hombre» fuera de los marcos partidarios.
Un gesto con lectura política
La decisión de Villarruel de asistir a la Basílica María Auxiliadora en lugar de Luján se interpreta como un nuevo gesto de autonomía dentro del Gobierno. Mientras que otros sectores del oficialismo y la oposición suelen utilizar las grandes convocatorias religiosas como termómetro político, la Vicepresidenta optó por un perfil más ligado a su identidad personal y religiosa, reforzando su discurso contra lo que denomina «la casta».
