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Felicidades a quienes juraron como nuevos diputados, pero no tanto

Nota de opinión – «Me gustaría poder contarte, con argumentos, sobre algunas incongruencias de nuestro sistema electoral y cómo afectan los principios básicos de la democracia.
No es algo grave, porque habiendo renovado la mitad de la Cámara, si conseguimos que los nuevos representantes tomen conciencia sobre esto, y sobre todo, lo debatan, quizás conseguimos vivir en una provincia con un sistema un poco más representativo, en rigor, más justo.

Repasemos un poco de historia: en 1986 se reformó, por última vez, la constitución de Jujuy, y el nuevo art. 104 elevó de 30 a 48 los diputados provinciales y estableció que la elección de los mismos es mediante el sistema de representación proporcional; es decir, se constitucionalizó como principio democrático que cada fuerza ingrese a la legislatura en estricta relación a los votos obtenidos. El sentido de la reforma, en ese momento, según consta de archivos, fue fomentar la pluralidad y la inclusión política.

Hasta ahí no se ve ningún problema. Pero hecha la ley, hecha la trampa. En Jujuy, esa trampa es el piso electoral: una ley anterior a la reforma prohíbe (y excluye) contabilizar los votos de quienes no superen el 5 por ciento del padrón. Es una ley que se sancionó un año antes de reformar la constitución, en el 85. Y tomar al padrón como referencia es irrazonable cuando los votos emitidos suelen ser estrictamente inferiores al 100 por ciento. Y todos lo saben. Y nadie dice nada.

Y no hablo solamente de lo que pasó este año, oportunidad en la cual, de nuevo, el piso impidió a cinco frentes ingresar a la legislatura para representar a más de 115.000 jujeños que nos votaron. Esto es algo que viene pasando sistemáticamente hace más de 30 años, provocando la tan escuchada frase “son los mismos de siempre”

Expliquémoslo con peras y manzanas, valiéndonos de una ardua investigación publicada recientemente por la UNJU, del autor Santiago Jorge, a la que se puede acceder en su biblioteca virtual. El frente del partido gobernante tomó juramento esta mañana a 18 diputados provinciales con aproximadamente 150.000 votos. Lo que quiere decir que cada banca le “costó”, por así decirlo, unos 8.500 votos.

Paralelamente, este año fuimos cinco los frentes a los que nos votaron -un poco más, un poco menos- 20.000 jujeños, y no obtuvimos ninguna banca para representar a esos jujeños que nos apoyaron democráticamente.

Esta forma no-lógica ni proporcional de convertir los votos en bancas, viene haciendo estragos desde hace décadas.
Sistemáticamente, y a pesar de que hayan cambiado los gobiernos, hay fuerzas que son apoyadas por el pueblo pero que no logran ingresar a los escaños, produciendo el folclórico, como ya mencioné, “están sentados los mismos de siempre”, sumado también a que no hay límites de mandato, como debería existir en un sistema justo y republicano.
La razón de ser de cualquier sistema proporcional es que cada banca debe representar a la misma cantidad de habitantes, de electores o de votos válidamente emitidos.
Solo así se garantiza la igualdad del voto: que todos “pesen” lo mismo al momento de generar representación política. Eso es la democracia. Y eso no sucede en Jujuy, donde se excluye a las minorías y se otorga una sobrerrepresentación a las mayorías, distorsionando por completo la representatividad de la voluntad popular.

Claro, no es casual, hay a muchos a los que les conviene. Es que los dos frentes que ingresaron representantes ésta mañana a legislatura provincial obtuvieron en total unos 200.000 votos. Si tomamos el padrón, son tan sólo el 34% quienes ostentan la representación del 100% de la sociedad. ¿Qué sentido tiene? Ninguno.

Analizándolo desde cualquier ángulo: la distribución de bancas para nuestra legislatura (donde debiera estar representada la totalidad del pueblo) no se realiza de forma proporcional como ordena la constitución. El piso (art.50 de la ley 4.164) ostenta una naturaleza jurídica que contraría tal principio. Mientras siga vigente será una puñalada democrática.

Ahora sabés esto que sucede en nuestra provincia, en nuestras narices, hace más de 30 años, y que nadie se ocupa de revertir. A los nuevos diputados, sobre todo a los más jóvenes, les propongo: ¿no será hora ya de debatirlo y modificarlo?

Por Diego Granda

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