Jujuy OnLine Noticias

Importar para sobrevivir: el modelo Milei, la desaparición de la clase media y el cuentapropismo como proyecto

La fuerte apertura de importaciones impulsada por el gobierno de Javier Milei comienza a mostrar efectos que van mucho más allá del alivio coyuntural de precios para el consumidor. Los datos del sector textil, relevados a nivel nacional por entidades industriales, revelan un crecimiento exponencial de las importaciones —incluida la ropa usada— en un contexto donde la producción local compite en condiciones de desigualdad absoluta. El fenómeno no es aislado ni sectorial: es una señal temprana de un modelo económico que empuja a la Argentina hacia el cuentapropismo masivo y a la progresiva desaparición de la clase media tal como se la conoció durante décadas.

A nivel país, el ingreso de indumentaria importada creció de manera explosiva durante 2025, con incrementos de cuatro y hasta cinco dígitos porcentuales en volumen y valor interanual. La flexibilización de los controles, la reducción de aranceles y una política comercial abiertamente aperturista facilitaron el acceso a bienes de consumo final, pero también a maquinaria extranjera —principalmente de origen chino— que llega al mercado argentino a precios imposibles de igualar para la industria local.

En este escenario, Jujuy aparece como un dato anecdótico pero altamente revelador: una provincia periférica convertida en uno de los principales puntos de ingreso de ropa usada al país. No se trata de un problema provincial ni de una particularidad fronteriza, sino de una consecuencia lógica del esquema económico vigente. Jujuy no genera el fenómeno, lo expresa con crudeza.

El “costo argentino” intacto

Mientras las importaciones se liberalizan, el denominado “costo argentino” permanece inalterado. Los impuestos nacionales que pesan sobre la producción y el empleo no se redujeron un centavo desde la asunción de Milei. El IVA, el impuesto a los combustibles y, especialmente, las cargas laborales concentradas en el formulario 931 de ARCA continúan siendo uno de los principales obstáculos para las PYMES y la industria nacional.

En estas condiciones, competir no solo con China resulta imposible, sino también con países vecinos que cuentan con estructuras tributarias, laborales y energéticas más livianas. La consecuencia es directa: producir deja de ser negocio y distribuir pasa a ser la opción racional.

De industriales a importadores

El nuevo horizonte para muchos empresarios ya no es invertir en maquinaria, ampliar plantas o generar empleo, sino construir grandes galpones logísticos para acumular productos importados y revenderlos en el mercado interno. Es un proceso de reconversión silencioso pero profundo: de productores a distribuidores.

Este cambio estructural implica la inexistencia de inversión productiva, la ausencia de generación genuina de riqueza y, por supuesto, la casi nula creación de empleo, tanto registrado como informal. La economía se vacía de valor agregado y se llena de intermediación.

El cuentapropismo como destino

El resultado social de este modelo es la generalización del cuentapropismo, una dinámica conocida en países como Perú o Bolivia. Miles de personas expulsadas del empleo formal —y también del informal— terminan vendiendo lo que pueden, como pueden, para sobrevivir. Es una economía de subsistencia que no tributa, no aporta y no genera derechos.

La consecuencia futura es una tragedia anunciada: generaciones enteras que no podrán jubilarse, sin cobertura social, dependiendo de sistemas asistenciales cada vez más exigidos y con cuentas públicas sometidas a una presión creciente.

Sin producción no hay país

La ecuación es sencilla: sin producción no hay generación de riqueza; sin riqueza no hay crecimiento sostenido; sin crecimiento no hay dólares genuinos ni empleo de calidad. En este contexto, cualquier reforma laboral sin una reforma impositiva profunda resulta estéril.

El proyecto económico actual se apoya en tres pilares: petróleo, minería y campo. Sin embargo, el derrame es limitado. La minería y el petróleo, altamente robotizados, generan eficiencia pero poco empleo. La agroindustria, por su parte, enfrenta su propia reconversión: la maquinaria china es más barata que la nacional, y el mismo esquema de importación amenaza con vaciar también ese entramado productivo. Solo el campo derrama, pero no alcanza para sostener una estructura social compleja como la argentina.

Un proyecto de macroeconomía sin sociedad

La Libertad Avanza se consolida como un partido de la macroeconomía, con soluciones parciales y un profundo impacto en la estructura social del país. El resultado es una Argentina cada vez más parecida a Perú, Bolivia o incluso Chile: sin clase media, con una amplia franja de clase media baja intentando sobrevivir y una clase baja convertida en “marcachifle” para no caer en la indigencia.

Paradójicamente, el proyecto termina desarmando la estructura social que alguna vez construyó la Generación del 80, madre del liberalismo argentino más auténtico, que entendía al desarrollo productivo, la movilidad social y la clase media como pilares de la Nación.

La apertura sin producción no es modernización: es desindustrialización. Y sus consecuencias ya no son una advertencia teórica, sino una realidad que empieza a expresarse en cada provincia, incluso en aquellas que, como Jujuy, hoy solo aparecen como un dato anecdótico de un problema mucho más profundo.

Relacionadas

Plazo Fijo en Argentina: suben las tasas y se consolidan como refugio clave para los ahorristas

Editor

Jujuy lanza paquete de alivio fiscal: exenciones de hasta el 100% y reducciones de impuestos

Editor

Comodoro Rivadavia: más de 90 familias evacuadas por el desplazamiento del Cerro Hermitte

Editor