Desde su llegada a la Casa Rosada, Javier Milei ha hecho del equilibrio fiscal una religión. Sin embargo, el laberinto tributario argentino muestra una realidad de claroscuros: mientras algunos impuestos vinculados a la riqueza y la exportación bajaron, la presión sobre el consumo y el salario se ha consolidado como el motor de la recaudación. En este informe, desglosamos la letra chica de la reforma, el impacto en el bolsillo y la comparación con gestiones anteriores.
1. El IVA y Ganancias: El peso sobre el trabajador y el consumidor
A diferencia de otros tributos, el IVA y el Impuesto a las Ganancias no solo no bajaron, sino que su impacto efectivo aumentó por decisiones administrativas y legislativas.
* IVA (Impuesto al Valor Agregado): La alícuota se mantuvo en el 21%, pero el impacto en el bolsillo fue mayor debido a la eliminación del programa «Compre sin IVA». Esta medida, que devolvía el 21% de las compras de canasta básica a jubilados y salarios bajos, terminó por decisión del gobierno. En la práctica, esto significó un aumento directo del 21% en el costo de los alimentos para los sectores más vulnerables.
* Ganancias (Ingresos Personales): En un giro político notable, se restituyó la cuarta categoría que había sido eliminada al final de la gestión anterior. Hoy, cerca de un millón de trabajadores volvieron a pagar este impuesto. Aunque se ajustaron las escalas, el mínimo no imponible corre por detrás de la inflación, lo que provoca que cada vez más asalariados queden atrapados por el tributo.
2. Combustibles e Incentivo Docente: El impuesto «nacionalizado»
Aquí es donde la gestión muestra su cara más recaudadora para llenar las arcas del Tesoro.
* El tarifazo impositivo: El componente de impuestos en el surtidor (ICL e IDC) pasó de $28 en diciembre de 2023 a más de $250 por litro en 2026. Una suba superior al 800%.
* La paradoja del FONID: El Gobierno dejó de pagar el Fondo Nacional de Incentivo Docente, recortando un 10% del sueldo de los maestros. Sin embargo, el impuesto a los combustibles —que históricamente financiaba parte de estos fondos federales— se sigue cobrando y es más caro que nunca. Ese dinero ahora se queda en el Tesoro Nacional para sostener el superávit, nacionalizando una caja que antes volvía a las provincias.
3. El caso de la Soja: Igual a Macri
La comparación con Mauricio Macri pone a Milei en un ínfimo número mejor pero esos decimales menos lo ubican en el mejor lugar desde 2015, respecto de Alberto Fernández muestra una tendencia a la baja:
Impacto real: Tras el fallido intento de subir retenciones al 15% en la Ley Bases original, el gobierno aplicó bajas por decreto. Hoy, el productor de soja tiene una presión menor a la de la gestión de Fernández y se ubica igual al final de la gestión de Macri.
4. Los impuestos que sí se fueron: Bienes Personales y PAÍS
El alivio se concentró en los tributos que el gobierno considera «castigos al capital»:
* Impuesto PAÍS: Eliminado en diciembre de 2024. Su salida abarató el dólar tarjeta y redujo costos de importación, eliminando una de las mayores fuentes de ingresos del Estado.
* Bienes Personales: Se elevó el mínimo no imponible de $27 millones a $100 millones. Esto desgravó a miles de contribuyentes de clase media-alta y redujo las alícuotas para quienes tienen bienes en el exterior.
¿Quién financia el déficit cero?
El balance impositivo de la era Milei arroja una conclusión clara: hay una transferencia de la carga tributaria.
El alivio llegó para algunos exportadores, los poseedores de grandes patrimonios e importadores. Por el contrario, el sostenimiento del Estado y el superávit fiscal recayó sobre el consumidor final (vía IVA sin devolución), el transporte (vía combustibles) y el trabajador registrado (vía Ganancias).
Para un país con niveles de pobreza críticos, la pregunta que queda flotando es si esta baja de impuestos «al capital» generará la inversión suficiente para compensar el fuerte golpe al consumo masivo.

