La derrota de Boca Juniors ante River Plate en el Superclásico dejó consecuencias inmediatas en el seno del club xeneize. Fernando Gago, quien se desempeñaba como director técnico del equipo desde mediados de 2024, fue apartado de su cargo tras el revés sufrido en el Monumental. El resultado, una caída por 2-0 sin reacción colectiva ni respuestas tácticas, colmó la paciencia de la dirigencia encabezada por Juan Román Riquelme.
Desde su llegada, Gago había generado expectativas por su apuesta por un juego ofensivo y por la confianza en jóvenes valores, pero los números y el rendimiento en partidos clave terminaron jugando en su contra. La caída frente a River fue el tercer clásico consecutivo sin triunfos y el equipo acumulaba apenas una victoria en los últimos cinco encuentros. La imagen opaca del equipo y la falta de rumbo táctico sellaron su salida.
El papel de Riquelme en la decisión fue determinante. Como vicepresidente y responsable del fútbol profesional, el ídolo boquense venía siguiendo de cerca el rendimiento del equipo y mantenía reuniones frecuentes con el cuerpo técnico. Tras el partido, se reunió con el Consejo de Fútbol y, con el respaldo de otros dirigentes, optó por finalizar el ciclo de Gago, en busca de un golpe de timón de cara al cierre del semestre y la inminente participación en la fase decisiva de la Copa Sudamericana.
Ahora, Boca deberá reconfigurar su rumbo con urgencia. La dirigencia ya trabaja en la búsqueda de un nuevo entrenador, mientras que de forma interina quedaría a cargo un técnico del club, posiblemente Mariano Herrón. El desafío será recuperar la identidad y el rendimiento en un contexto de alta presión, con una hinchada exigente y un calendario que no da respiro.
