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Coronavirus: un año después de Wuhan, China muestra relato un triunfal y sin errores

Un museo de Wuhan inauguró una vasta exposición que describe un cuadro emocionante de los sacrificios de la ciudad durante el brutal confinamiento de 76 días que logró torcerle el brazo al coronavirus y plantar la semilla del renacimiento.

La exhibición no escatima en gastos e incluye un holograma de miembros del personal médico moviéndose en una sala de hospital, cartas desgarradoras de trabajadores en la primera línea del sistema sanitario y la réplica de un centro de aislamiento masivo, con camas, banderas chinas en miniatura y hasta los vasitos para el cepillo de dientes.

Pero la muestra también sorprende por lo que no incluye. No hay mención alguna a Ai Fen, uno de los primeros médicos que dio la voz la alarma en Wuhan, donde se cree que se originó el virus, como tampoco a la decisión de Zhang Yongzhen, el médico de Shanghai que compartió el genoma del virus con el resto del mundo, desafiando las órdenes de las autoridades.

A los asistentes se los invita a dejar un crisantemo virtual en el muro de los mártires, que incluye a Li Wenliang, el oftalmólogo de un hospital de Wuhan cuya muerte a causa del virus suscitó un duelo a nivel nacional. Pero en su breve biografía falta un hecho crucial: Li fue reprendido por el gobierno por haberles avisado a sus colegas sobre el virus que más tarde se cobraría su vida.

China pasó gran parte del año pasado tratando de instalar el relato de la pandemia como una victoria indiscutida liderada por el Partido Comunista gobernante. Los medios de comunicación estatales ignoraron los traspiés del gobierno y retrataron la respuesta de China como una prueba de la superioridad de su sistema autoritario, comparado sobre todo con el de Estados Unidos y otras democracias, que todavía siguen enfrascadas en contener el abrupto aumento de casos positivos.

La instalación de ese relato cobra aún más urgencia ante el inminente primer aniversario del confinamiento de Wuhan, el 23 de enero. En las últimas semanas, el gobierno desplegó un ejército de censores para limpiar de internet las coberturas informativas que criticaban el manejo del brote de Wuhan. En algunas ocasiones, los términos como “primer aniversario” y “voz de alarma” fueron suprimidos de los sitios chinos.

Varios periodistas de medios estatales dicen haber recibido en estos días una orden que prohíbe explícitamente la cobertura del aniversario del brote. En su lugar, los organismos de propaganda chinos difundieron videos optimistas y artículos elogiosos que describen Wuhan como una ciudad rediviva y que al mismo tiempo minimizan la angustia y la bronca de los residentes, que todavía persisten.

Los elogios por el éxito de Wuhan son bien merecidos. Desde que terminó el confinamiento, en abril, esta ciudad conocida por ser un gran polo comercial y turístico ha vuelto en gran medida a la normalidad, al igual que la mayor parte de China. Mientras en los países asolados por el virus muchos tuvieron que recibir en 2021 solos en sus casas, las imágenes de festejos atestados de gente durante las vísperas de Año Nuevo en Wuhan recorrieron todos los medios estatales de China.

Como los sentimientos nacionalistas y el apoyo al gobierno parecen estar en alza, este drástico “lavado de cara” es una clara señal de que los líderes chinos no tienen demasiado interés en remover el pasado o revisar sus errores. El objetivo de Pekín, dicen los especialistas, es simple y claro: garantizar que nada erosione el relato triunfal del partido de gobierno.

“La respuesta de China a la pandemia es mostrado como una enorme victoria del Partido Comunista de China“, dice David Bandurski, codirector del Proyecto Medios Chinos, un programa de investigación vinculado a la Universidad de Hong Kong. “Para el gobierno chino, la historia ya está escrita.”

El gobierno chino siempre está muy atento a los aniversarios sensibles, y en esta ocasión han difundido muy pocos de detalles de cómo se conmemorará una ocasión tan aciaga.

Hasta el momento, el único evento previsto en el calendario oficial es el estreno, el 22 de enero, de Días y noches en Wuhan, un documental realizado con apoyo estatal y promocionado como un tributo cinematográfico a los “héroes de a pie” de la ciudad.

La embestida propagandística se completa con controles más estrictos sobre los medios. Hace un año, los medios de comunicación chinos -que al inicio que cualquier crisis suelen estar menos censurados de lo habitual-, publicaron impactantes revelaciones sobre la lenta respuesta del gobierno y las fallas en el sistema de salud.

Pero los periodistas chinos dicen que en las últimas semanas los editores les han indicado que eviten hablar en las redes sociales sobre el aniversario del confinamiento. Algunos dicen que también les ordenaron abandonar la idea de entrevistar a personas que perdieron a familiares en las primeras etapas del brote.

El mensaje del gobierno para los medios de comunicación quedó bien claro el mes pasado, con la condena a cuatro años de prisión para Zhang Zhan, un “periodista ciudadano” de 37 años que documentó la terrible experiencia de Wuhan. Es la primera persona conocida que se ha enfrentado a un juicio por informar sobre el brote en China.

La censura en torno al primer aniversario del confinamiento es parte de una campaña para acallar las voces que cuestionan el relato oficial. Han sido detenidos varios activistas, y los familiares de fallecidos que se quejan abiertamente sufren un acoso constante. Un estudio realizado el año pasado por el Citizen Lab de la Universidad de Toronto descubrió que WeChat, la popular aplicación china de mensajería, censuró y eliminó miles de palabras clave relacionadas con la pandemia. Muchas de las posteos eliminados contenían críticas directas a los funcionarios.

El objetivo del gobierno “es crear una versión aprobada por el Estado de la memoria colectiva de la pandemia”, dice Lotus Ruan, investigador del Citizen Lab.

Ese relato oficial de la pandemia tiene muchos héroes, pero el protagonista indiscutido es sin duda alguna el líder máximo Xi Jinping.

En la cavernosa sala del museo de Wuhan, los visitantes son recibidos por una inmensa foto de Xi mientras preside una reunión con expresión severa en el rostro. Una línea de tiempo de casi 15 metros de largo detalla día a día las heroicas medidas que Xi habría tenido que tomar durante la crisis. A lo largo de la exhibición, se lo muestra como un líder decidido que tomó el control del brote casi desde un principio, aunque hay poca evidencia de que así haya sido.

“El pueblo chino ha demostrado resiliencia, decisión y valentía”, dice el texto final que acompaña la exposición. “Y el Partido Comunista de China, como siempre, ha puesto en primer lugar la vida y la salud de las personas.”

 

Fuente: lanacion.com.ar

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